Un espacio sin rotulaciones ni dogmas. Sólo para desarrollar y liberar el arte que poseemos todos: la creatividad.
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martes, 2 de julio de 2013
sábado, 22 de junio de 2013
NEGRO EL 10
Empieza por no ser. Por ser no.
El caos es negro. Como negra es la nada.
Nace la claridad, su gallo friza el cielo, se esponjan los colores/vanidosos.
Pero el negro se ahínca primigenio. Toda luz se abisma en el carbón, en el basalto.
Para mejor lanzarnos al asalto del día. (Goya pudo decirlo).
Socavón en la sangre, en la memoria, el negro sube a la palabra, es la tormenta rabiosa de los odios, los celos: Othello el blackamor, el moro negro para lívido Yago. Siempre.
Padre profundo, pez abismal de los orígenes, retorno a qué comienzo. Estigia contra el sol y sus espejos, término de los cambios, última estela de las mutaciones, palabra del silencio.
Su palacio nocturno: el sueño, el párpado
sedosa guillotina del diverso pavorreal para que sólo las similitudes desplieguen los tapices del morado, de púrpura y de óxidos, harem del negro, esperma de los sueños.
Se diría que le gusta que los aplanen, lo espabilen, lo tiendan en las lisas superficies, como se hace aquí. Se diría que ama el trampolín desde donde saltan los colores, su callado sostén.
Todo es más contra el negro,
todo es menos cuando falta.
Cedes a esta metamorfosis que una mano enamorada cumple en ti, te llenas de ritmos, hendiduras, te vuelves tablero, reloj de luna, muralla de aspilleras abiertas a lo que acecha siempre del otro lado, máquina de contar cifras fuera de las cifras, astrolabio para tierras nunca abordadas, mar petrificado en el que resbala el pez de la mirada, caballo negro de las pesadillas, hacha del sacrificio, tinta de la palabra escrita, pulmón del que diseña, serigrafía de la noche, negro el diez:
ruleta de la muerte,
que se juega viviendo.
Tu sombra espera tras de toda luz.
Julio Cortázar
El caos es negro. Como negra es la nada.
Nace la claridad, su gallo friza el cielo, se esponjan los colores/vanidosos.
Pero el negro se ahínca primigenio. Toda luz se abisma en el carbón, en el basalto.
Para mejor lanzarnos al asalto del día. (Goya pudo decirlo).
Socavón en la sangre, en la memoria, el negro sube a la palabra, es la tormenta rabiosa de los odios, los celos: Othello el blackamor, el moro negro para lívido Yago. Siempre.
Padre profundo, pez abismal de los orígenes, retorno a qué comienzo. Estigia contra el sol y sus espejos, término de los cambios, última estela de las mutaciones, palabra del silencio.
Su palacio nocturno: el sueño, el párpado
sedosa guillotina del diverso pavorreal para que sólo las similitudes desplieguen los tapices del morado, de púrpura y de óxidos, harem del negro, esperma de los sueños.
Se diría que le gusta que los aplanen, lo espabilen, lo tiendan en las lisas superficies, como se hace aquí. Se diría que ama el trampolín desde donde saltan los colores, su callado sostén.
Todo es más contra el negro,
todo es menos cuando falta.
Cedes a esta metamorfosis que una mano enamorada cumple en ti, te llenas de ritmos, hendiduras, te vuelves tablero, reloj de luna, muralla de aspilleras abiertas a lo que acecha siempre del otro lado, máquina de contar cifras fuera de las cifras, astrolabio para tierras nunca abordadas, mar petrificado en el que resbala el pez de la mirada, caballo negro de las pesadillas, hacha del sacrificio, tinta de la palabra escrita, pulmón del que diseña, serigrafía de la noche, negro el diez:
ruleta de la muerte,
que se juega viviendo.
Tu sombra espera tras de toda luz.
Julio Cortázar
sábado, 18 de mayo de 2013
Renacer

Pasaron 2 años y 361 días. De ese 23 de mayo de 2010 sólo recuerdo la mirada perdida y el dolor encarnizado de miles de personas. La bronca masticada hasta el hartazgo. El llanto lacerante y el grito desesperado en busca de respuestas inexistentes. El desconsuelo absoluto. El domingo más doloroso que un Canalla rememore.
Jamás voy a olvidar ese Gigante repleto en tu primera presentación en la B Nacional frente a San Martín de San Juan. Veníamos de descender. Sí, descender. Y tu gente te esperaba con una fiesta como siempre, para no perder esa hermosa y loca costumbre. Qué importaba si teníamos que estar juntos para salir del pozo. ¿Ves por qué somos tan distintos?
Después vinieron campañas desastrosas: jugadores que nunca sintieron la camiseta, técnicos incapaces y dirigentes corruptos. Lo que conocemos todos. Para qué ahondar: con sólo nombrar a Mostaza Merlo, Pablo Scarabino y Horacio Usandizaga basta.
Pero en ese zigzagueante andar también aparecieron algunos resquicios de esperanza de la mano de alguien de la casa. ¿Quién no se ilusionó con ese tipazo que es Antonio Pizzi? No era para menos: necesitábamos un respiro después de tanta asfixia. Y no nos confundimos. Juan hizo una campaña excepcional, dio todo y sufrió esa nueva decepción como cada uno de nosotros. No tengo dudas. Sé que todavía busca respuestas a ese inesperado final. Él no tiene la culpa, tampoco los jugadores. Cosas del fútbol según mi abuelo, aunque a nadie en esa circunstancia y ahora le importe demasiado.
Y un buen día llegó Miguel Ángel Russo. Resistido por algunos e indiferente para otros. Sólo pocos se alegraron con su llegada. Es que no era momento para sonrisas. Aunque como sea se debía continuar. Los primeros indicios fueron pésimos. Agigantaron la bronca y el repudio. Costó enderezar el barco. Sus bases estaban destruidas. Pero él más que nadie conocía sus entrañas. Sabía que apenas el león creyera en sí mismo, nadie más podría detenerlo. Estaba seguro que desde sus raíces iba a renacer. Y no se equivocó, para sorpresa de propios y extraños.
Hoy todo lo vivido parece mentira. Como si hubiese pasado una eternidad. Una película en cada una de nuestras mentes. Un terremoto en cada una de nuestras almas. El año pasado fue aterrador: estar tan cerca y después perderlo todo en un instante fue desgarrador. Por eso el miedo de revivir las mismas secuencias sobrevoló a lo largo de todo el torneo. Queríamos tocar el ascenso con nuestras propias manos para creerlo.
Y por fin la tortura se terminó. El alma me explota. La felicidad es inmensa. Imposible describirla. Central vuelve al lugar que le corresponde por su naturaleza: Primera División. Así lo dicta su historia. Sólo debe persistir el nefasto recuerdo de la B para gritar bien fuerte "nunca más". Para "nunca más" llegar a ese límite futbolístico e institucional tan lamentable.
Qué le van a hablar de amor al Canalla si resurgió de sus propias cenizas como el Ave Fénix. Si se hizo fuerte en las peores adversidades cual gladiador romano. Si necesito golpearse el pecho, una y mil veces, para ratificar su grandeza. Para confirmar su espíritu estoico. A él no le vayas a hablar de amor. No, no. De él aprendé a AMAR. A saber que peor que descender es haberte quedado rendido y jamás levantado. A conocer que no hay guerrero sin heridas. Y que nada se disfruta más en esta vida que aquellas satisfacciones forjadas desde el más profundo sufrimiento y sacrificio.
Locura dirán algunos. Yo les contesto que es AMOR. Amor eterno e ilimitado hacia Central, que sólo un Canalla puede entender. Si tenés los ojos llenos de lágrimas, sécate Ahora, somos dos. Y disfrutá este logro. Si nos lo merecemos. No por celebrar el retorno a Primera en sí mismo. Claro que no. No estamos para chicanas de los vecinos. No nos interesa. Sino por festejar nuestra lucha permanente. Por caminar codo a codo estos tres años difíciles. Por las tristezas y alegrías. Por haber estado siempre, principalmente en los momentos más duros. Por haber gritado juntos y abrazados ese gol agónico del Pachi Carrizo con olor ascenso ante Crucero del Norte. Por el amor compartido hacia estos sagrados colores, que es inenarrable. Y porque los sentimientos jamás descienden. ¿Cómo no vamos a estar felices?
jueves, 2 de mayo de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
jueves, 31 de enero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
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